ACTO DE GRADUACIÓN. BACHILLERES 2011.
Fiesta de graduación, con una connotación muy especial: la número veinte; cifra que vista de manera pasajera, sin detalle, parece insignificante, pero que para mí, y sé que para todos nosotros como institución, como miembros activos de una comunidad, posee una gran significación; la perdurabilidad en el tiempo, el proceso de crecimiento, de afianzamiento, de consolidación de un proyecto pedagógico-formativo, año tras año; todo esto, los convierte, a ustedes: bachilleres, padres de familia, maestros, personal administrativo y de apoyo, en protagonistas fundamentales de una empresa de vida, forjadora de proyectos diarios, de inspiraciones, anhelos, ideales, muchos de ellos convertidos hoy en realidad, con vidas plenas, con significación, concebidas y concebidos por las derrotas, las lágrimas, los dolores, los sufrimientos, pero también conociendo la alegría, el disfrute, el goce, la sonrisa; fortaleciendo el ser que hoy tiene una posición real, positiva, que es actor fundamental del cambio, consciente de la gran eventualidad que la providencia le regalo “educarse”, para convertirse en actor cambiante de una sociedad, que requiere todos los días de seres más humanos, comprometidos con uno de los verdaderos objetivos que tiene la educación, mejorar los estados de convivencia de una sociedad.
Recuerdo mis primeros contactos con una gran cantidad de niñas y niños, llegados al preescolar, la ternura, el encanto, de caras frescas, hermosas, rebosantes de felicidad y optimismo, que me generaban más energía, más compromiso con mi profesión, con nuestra institución y me llenaban de ideas, de positivismo, me fortalecían para hacer frente a las dificultades, adversidades que día a día podían aparecer, en este proceso complejo de hacer empresa de vida, consolidar una propuesta educativa, en una sociedad conservadora, cerrada, difícil de penetrar; en ocasiones esto, producía desaliento, desazón; pero era ahí precisamente donde aparecían ustedes, con una sonrisa, con una carrera, con sus overoles empantanados, con esas caras coloradas, sudadas, para entregar la fuerza y encaminar de nuevo las ideas, que en ocasiones se sentían tambalear por el desaliento de comentarios, malestares, incomodidades, que necesitaron y necesitan de años de endurecimiento para saberlos discernir, afrontar, comprender y ubicarlos de tal manera, que se conviertan en elementos que ayuden a corregir en ocasiones y en otras, a seguir consolidando nuestra propuesta educativa.
Como olvidar esas emociones producidas por una pasión compartida, el deporte: el fútbol, incluido en nuestra propuesta pedagógica como complemento ideal al proceso de formación y crecimiento de valores en el ser; ese equipo imbatible conformado por estudiantes que hoy están aquí, otros en el grado décimo y otros que con el paso de los días, por diferentes motivos no están con nosotros; Camilo Vásquez que gran capitán, desde niño mostrando la templanza y el carácter del líder, que hoy espero, siempre esté pensando en fortalecerse, en repensarse y seguir consolidando ese ser espectacular, que se ganó un espacio grandísimo en mí corazón. El Burí, que grande, venciendo el adormilamiento, la desidia y el desinterés, con esa zurda y ese corazón, cargados de fuerza y tesón, que hasta el final, ya convertido en un hombre, nos acompañó. Junior el correlón, sin importar la técnica, con su peligrosa zurda, en ocasiones se ganó su posición. David Correa, iniciando nos acompañó, luego se marchó, para pronto retornar; con su silencio y dificultades, en el fútbol encontró, otra forma de relación. Jorge Humberto Arango, quien pronto el balón, por otra pasión cambio, la capacidad de servicio y la calidad de ser, en voluntario lo convirtió. Como olvidar a Santiago Cano, sus primeros contactos con el balón, mostraban un buen jugador, pero conociéndolo mejor, encontré un gran señor, con corazón, consciente que tiene que ser un luchador. En ese trasegar se fueron sumando otros: Javier Arboleda, el “mono”, su parsimonia, sensatez; cuando aparecía vestido de cortos, con sus peinados raros, siempre fue bien recibido, que profundos cambios con el paso de los días, lo convierten hoy, en un gran soñador y esperanzado estoy, en un futuro, encontrar un médico, político de alma. Felipe Isaza, que corazón, con una aceleración, que incluso en clase nos acompañó, no pude encontrar en el campo de juego su posición, pero espero, que la vida, los años, lo serenen, para que con pasión, contribuya al beneficio de nuestra nación. En esa maravillosa posibilidad que nos regaló el fútbol, como complemento de nuestra labor académica, aparecieron más tarde: Juan Pablo Mejía, quien con su vozarrón y su gran sentido del humor, grabado en mi recuerdo quedo. Daniel Arboleda, “el acuerpado”, esperanzado estoy, en que ubique de nuevo la forma real y verdadera de diversión. Andrés Barrientos que gran conversador, con la palabra nuestra amistad más que con el fútbol creció y se fortaleció. Pablo Londoño, talento sin control, en el afecto y la cercanía, la serenidad y sencillez de su espíritu, pude disfrutar. Miguel Osorio, en nuestra antigua sede, la belleza de esa cancha cautivo, pero jamás su talento me mostró, más su grandeza de ser brillo. En los dos últimos años, la velocidad y entrega disfrute, de la mano de Andrés Agudelo, que facilidad para jugar y divertir posees.
El baloncesto, otro componente de la pasión deportiva, me brindó la diversión y la fantasía de convertir canastas y arraigar compañías. Un balón naranja con alegría me permitió encontrarme con Miguel Marín, quien con respeto y alegría mostró cómo se disfruta de manera real la vida; contagiando a Rafael Arredondo, quien con fortaleza hasta la última bola defendía, mostrando otra posibilidad para enfrentar la vida. Un nuevo integrante del equipo, Juan Felipe Mesa quien con su sonrisa y pensando con el coco, casi un milagro generó, pues el año envolatado lo tenía y finalmente hoy se graduó. También conocí entre las muchas facetas a Danny Zapata, tenista, músico y basquetbolista, quien con todos esos talentos buscando sentido a la vida, permanentemente está.
Otro deportista de alto rendimiento en noveno apareció y un rato nos acompañó, retornando en once para dejar su impronta de señor. Así Juan Manuel Henao con sus patines nos acompañó.
En el bicicrós, el “Pony” toda su energía no depositó, con burlas y charlas aún no la agotó, pero en la historia del Colegio un lugar dejó.
Como olvidar el “palomero”, Edison Urrego quien con luz propia brilló y en todos los actos se presentó, con su conocimiento y espectáculo nos apasionó.
Aparecen en mí evocación las niñas, que con respeto, pasión y amor en su proceso de formación, la vida me entregó el privilegio de acompañar. Camila Aristizábal, tras sus rabietas y pataletas, esconde ese ser maravilloso, lleno de amor, sensibilidad, que espero una familia y toda una comunidad pueda disfrutar. Camila Mesa, cuantas lágrimas, tristezas, experiencias compartidas, convertidas en aprendizajes reales y verdaderos, tú dulzura y sencillez, se convierten en valores, que espero sigan forjando esa gran mujer. María Antonia Villafan que ser tan maravilloso y especial, tú capacidad de entrega y amistad todos pudimos apreciar, gran regalo para mí profesión, desde niña poder disfrutar y hoy entregar una mujer a una sociedad, que con absoluta seguridad, todo su potencial otorgara. Aparecen más tarde: Laura Beuth, quien pronto con su capacidad de adaptación y socialización, pareció desde la primaria o el preescolar estar con nosotros, además, con su ecuanimidad, sosiego y tranquilidad, nos hizo disfrutar. Valentina Roldan, tiempo me faltó, para disfrutar, de conversaciones que con profundidad, en ocasiones pudimos afrontar, conceptos claros y bien argumentados, espero que en tú profesión y proyección, puedas consolidar, todo lo que puedes aportar. Sara Saavedra, como olvidar el primer día en el Colegio, de mí mano, llegaste a sentarte, con tus compañeros de clase, venciendo el miedo, con una risa contagiaste de alegría, sencillez y ternura. La última en llegar, Sara Vélez, la velocidad del tiempo, nos privó de conocer más a fondo, ese gran ser, en lo poco que nos acompañó, su destreza y habilidad nos mostró.
Hago mención ahora a Sebastián Aramburo, quien con su seriedad y aplomo, la posibilidad de encontrar a temprana edad su habilidad por la electrónica, seguramente aportará a una comunidad expectante de creatividad nuevas formas de relacionarse amigablemente con el medio ambiente como finalmente lo lograste con tu grupo de compañeros. Su compadre incondicional, Samuel Escobar, quien con pasión y en ocasiones con argumentación sus ideas defendió y con buen criterio las compartió.
Después de muchos intentos, con argumentos la cercanía con Danilo alcancé y disfruto de su amistad esperando que todos sus talentos los ponga al servicio de una comunidad. Recomendó a Luis Guillermo Tamayo, quien con miedos llegó y con máscaras buscó un lugar en el salón, hasta bravo resultó cuando le llame la atención, de vista se perdió hasta que decidió mostrar su corazón.
Con aparente inexpresividad en décimo llegó, Daniel Soto con valor e inteligencia una impronta en el corazón del Colegio dejó.
Aparecen los “carretudos”, quienes hacen honor al dicho: “Dios los hace y Dios los junta”, Simón Montoya y Mateo Toro, con sus habilidades lingüísticas y sociales, en mi memoria imborrables quedaron, con el convencimiento de que triunfarán, con los principios éticos en el proceder de su ser, en el hacer.
En mi alma y en mi corazón, este puñado de jóvenes acompañados de sus familias, dejaron tatuada una huella imborrable llena de paz, amor, esperanza y armonía que sostienen de ahora en adelante las palabras y enseñanzas que emanan y sirven de cimiento en el proceder de mi profesión.
Gratitud a ustedes madres, padres, familia, por dejarme impregnar del amor de esos, sus hijos. A ustedes “muchachos” gracias, por reafirmarme que amarlos es mirarlos a los ojos y que mis palabras sirvieron de sustento para un buen consejo.
Luis Javier Hernández Montoya.